Análisis de Days to Shine 2026
Sep 08, 2026
Una conversación sobre expectativas, negocio y responsabilidades compartidas
Por Arleen García
¿Vale la pena pagar una entrada para ir a Days to Shine si después también tienes que comprar los productos y pasar calor? Esa pregunta ha aparecido muchísimo en redes durante estos días y, honestamente, puedo entender de dónde viene.
Cuando una persona compra una taquilla para un evento de belleza, llega con expectativas. Quizás espera descubrir marcas, probar productos, encontrar buenas ofertas, recibir muestras o productos full size, aprender algo nuevo o, simplemente, pasar un día bonito en un espacio agradable, con música, colores y buen ambiente. Cuando la experiencia no se parece a lo que imaginó, es normal que lo diga, especialmente en la era de las redes sociales.
Yo también tengo opiniones. He ido a Days to Shine durante tres años; quizás menos veces que otras personas, pero aun así me he permitido observar y cuestionar el evento desde distintas aristas cada vez que he estado presente. Lo hago porque soy una consumidora empedernida de belleza, creadora de contenido, especialista en Design Thinking, estratega, consultora en emprendimiento e innovación e ingeniera industrial. Inevitablemente, miro lo que ocurre desde más de un lugar.
No quiero usar esa mirada para defender ciegamente al evento ni para decirle a nadie que su experiencia estuvo equivocada. Tampoco para hacer lo contrario. Quiero utilizarla para ampliar la conversación, porque aquí intervienen Days to Shine, las marcas y nosotras, las asistentes. Las tres partes influyen en el resultado, aunque no todas controlan las mismas cosas.
Puedes ver el vlog en YouTube aquí.
Primero: ¿qué estamos comprando con la entrada?
Days to Shine nunca se ha presentado únicamente como un lugar donde pagas una taquilla y sales con una maleta llena de productos full size, minis o muestras. Su propósito ha sido ofrecer herramientas a la mujer: conocimiento a través de las charlas; inspiración a través de las personas que participan y acuden al llamado; experiencias; talleres; networking; acceso a marcas y dueños de negocios; y, sí, también oportunidades para conocer y comprar productos que suelen tener algún descuento.
Aunque se ha mantenido en el mismo venue —al menos durante los tres años en los que he disfrutado del evento—, Days to Shine se ha expandido hacia el jardín y hacia más salones dentro del hotel. Allí coinciden mujeres que disfrutan la belleza, emprendedoras, creadoras pequeñas y otras que apenas están pensando en comenzar a crear contenido. Para muchas, escuchar una charla, descubrir una marca o crear una conexión también forma parte del valor de la entrada. La variedad de temas, talleres y propuestas de las marcas atrae a mujeres con realidades distintas.
Aun con todo eso, la propuesta no tiene que resultarnos suficiente a todas. Si revisas lo que ofrece el evento —tanto lo tangible como lo intangible— y decides que no vale RD$1,450 para ti, esa es una decisión completamente válida. Lo importante es diferenciar entre “esto no tiene suficiente valor para mí” y “me prometieron algo que no recibí”.
Con las ofertas sucede lo mismo. Puede ser que un producto aparezca al mismo precio —o incluso más barato— en otro establecimiento durante el año, entre los mil quinientos bazares, ferias de belleza y temporadas de descuentos que, en los últimos dos años, se han apoderado de las finanzas de las mujeres.
Si investigas y encuentras una opción que te conviene más, definitivamente cómpralo allí. Ser una consumidora informada también consiste en eso: saber dónde colocar tus recursos para obtener el mayor retorno sobre la inversión.
“Days to Shine debe ser como otros eventos internacionales”: el peligro de compararlo con SEPHORiA y Ulta Beauty World
Entiendo perfectamente la comparación. Son eventos de belleza que ocurren una vez al año y reúnen marcas y miles de mujeres. Pero comparar eventos celebrados en países con culturas, climas, construcciones, productos, espacios y niveles de acceso diferentes es comparar peras con manzanas.
De hecho, yo, que fui a SEPHORiA 2026, puedo decir que mucho de lo perfecto, hermoso y wow que vemos en redes no necesariamente refleja toda la realidad del evento, como ocurre con tantas cosas en la vida. ¿Sabes por qué? Por una palabra que puede alterar la manera en que percibimos una experiencia, predisponernos y no permitirnos disfrutar lo que sí ocurrió porque seguimos frustradas por lo que pudo haber sido: la expectativa.
Dicen por ahí que la envidia no mata, pero mortifica. Sin embargo, yo creo que lo que verdaderamente mortifica es aferrarnos a nuestras expectativas y no permitirnos sorprendernos ni aceptar las cosas como vienen.
La expectativa sería esta: si en SEPHORiA o en Ulta Beauty World pagas una entrada y recibes una bolsa llena de productos, entonces Days to Shine debe hacer lo mismo.
Para SEPHORiA 2026 compré dos entradas. La general me costó aproximadamente US$155, unos RD$9,200, y me daba acceso al venue durante tres horas para participar en experiencias y recibir muestras y uno que otro producto full size. Algunos productos dependían del resultado de los juegos: si no ganaba, no los recibía. La entrada VIP costó cerca de US$455, alrededor de RD$27,000, e incluía cuatro horas de acceso —una hora antes que la entrada general— y una charla. En mi caso, fue con Miss Danessa Myricks. Al final de la jornada, quienes tenían entrada general recibían un tipo de bolsa de goodies y quienes tenían entrada VIP recibían otra.
Y como yo soy la chica del Excel, me senté a sacar cuentas. Si hubiera comprado cada producto por separado al precio de tienda, la bolsa de goodies de la entrada general habría rondado los US$500, unos RD$30,000. La de la entrada VIP se habría acercado a los US$2,000, aproximadamente RD$118,000.
Sí, recibí muchísimo más de lo que pagué. Fue una experiencia maravillosa y no tengo que quitarle mérito para explicar que estamos hablando de otro modelo.
En SEPHORiA, cada entrada daba acceso a una sola sesión de tres horas. La entrada VIP permitía cuatro horas e incluía una charla, que en mi caso ocupó una de las cuatro horas disponibles para visitar los stands. En esos stands, podía esperar entre 20 y 30 minutos para participar en una dinámica y tener la oportunidad de ganar un producto, que no siempre era full size. El evento recibió más de 8,000 personas, pero las dividió en cuatro sesiones de alrededor de 2,000 asistentes.
En el caso de Ulta Beauty World, solamente se pusieron a la venta 3,000 taquillas. Ese límite contribuyó a crear la experiencia que vimos en redes y que muchas queremos vivir.
Por otro lado, Days to Shine reportó más de 18,000 asistentes en 2025. En cualquiera de los dos días, las asistentes podían permanecer durante toda la jornada y entrar a las charlas que quisieran, siempre que estuvieran incluidas en la boleta y hubiera espacio después de hacer la fila. Basta con revisar las agendas de años anteriores para ver la cantidad de charlas patrocinadas por marcas e incluidas en la boleta general. Usualmente, en esas charlas, la marca patrocinadora también entrega goodies como un detalle para las asistentes. Básicamente, el día entero está lleno de charlas.
En Days to Shine 2026, una entrada de RD$1,450 también permitía permanecer durante todo el día, asistir a las charlas abiertas y visitar los stands cuantas veces quisieras.
Con toda esta información, la conversación cambia: no estamos comparando solamente bolsas de productos, sino precios, horas de acceso, aforo y experiencias distintas. También entran en la comparación la belleza del venue, los espacios con decoraciones y ambientes diferentes, la banda en vivo y la posibilidad de salir y volver a entrar, algo que SEPHORiA no permitía. Y qué decir de los centros de conferencias grises y fríos donde se realizan eventos de gran magnitud: nada que ver con la calidez y la belleza de un jardín tropical.
¿Podría Days to Shine vender una entrada más costosa con un goodie bag garantizado? Claro. También podría crear una categoría VIP, dividir el día en bloques o limitar la cantidad de asistentes. Son ideas interesantes, pero tendrían consecuencias: el precio subiría —y mucho—, se reduciría el tiempo de acceso y entrarían menos personas. Luego escucharíamos las quejas de que, debido al costo de la taquilla, solo un grupo selecto tiene acceso a estos eventos.
Recordemos la diferencia: RD$1,450 frente a RD$9,200 y RD$27,000.
Por eso, más que preguntar cuál evento es mejor, yo preguntaría: ¿qué tipo de experiencia queremos y cuánto estamos dispuestas a pagar por ella?
Una muestra también forma parte de una decisión de negocio
A mí me encantaría que más marcas permitieran probar sus productos. Para una marca nueva, una muestra puede ser una forma excelente de presentarse. Pero repartir muestras o productos full size no es una obligación automática; es una decisión comercial que cada marca toma según sus objetivos, su estrategia y su presupuesto.
Una muestra pequeña no se produce simplemente dividiendo una botella grande entre varias onzas. Necesita su propio empaque, llenado, etiqueta, almacenamiento, transporte y distribución. En República Dominicana, donde muchos productos y materiales son importados, la logística puede encarecer todavía más el proceso.
Además, no todo se prueba igual dentro de una feria. Podemos oler un perfume, tocar la textura de una crema o ver el tono de un maquillaje. Pero un shampoo, un acondicionador o una mascarilla necesitan otro tipo de uso, usualmente fuera del evento, en la casa del cliente. Eso hace que la venta final del producto full size posiblemente no ocurra en el evento, sino después, en otro punto de venta.
Recibir una muestra tampoco garantiza una venta. La muestra puede abrir la puerta, pero no todo el mundo utiliza las muestras o los regalos; algunas personas incluso los venden en Marketplace.
Detrás de un stand bonito hay mucho más que una mesa
A mí me encantaría saber exactamente cuánto cuesta un stand en Days to Shine, abrir mi Excel y calcular cuánto tendría que vender una marca para recuperar su inversión. Pero esa información no es pública y yo no voy a inventarla.
Lo que sí podemos ver es que pagar el espacio es apenas el comienzo. Hay que diseñar el stand, construirlo, transportarlo, instalarlo, iluminarlo y desmontarlo. También hay que llevar inventario, almacenarlo, reponerlo y mantenerlo seguro.
Después está el equipo humano: jornadas larguísimas, salarios, transporte, comida, horas extras y, en algunos casos, habitaciones de hotel. A eso se suman las activaciones, los materiales promocionales, las muestras y la producción de contenido.
Por eso, una marca no puede evaluar su participación únicamente a partir de cuánto vendió. También debe considerar cuántas personas conocieron el producto, qué contenido se creó y cuánta publicidad y presencia generó en redes.
Detrás de cada stand bonito hay un presupuesto y alguien preguntando cuál fue el resultado. En muchas ocasiones, los estrategas de marca o directores de marketing terminan lamentándose porque no lograron superar el punto de equilibrio.
¿Y por qué a las influencers sí les dan productos?
Entiendo que puede sentirse injusto ver que una creadora recibe una bolsa mientras tú, que pagaste tu entrada, no recibes lo mismo. Esa incomodidad no tiene que ser ridiculizada ni minimizada, pero sí podemos tratar de entender el contexto.
Una creadora no siempre recibe un producto simplemente para llevárselo a su casa como regalo porque puede y se lo merece. Muchas veces, el trabajo comienza después: estudiar el producto, probarlo, grabar, editar y presentarlo a una comunidad. Una creadora con una audiencia sólida puede darle visibilidad a una marca durante semanas o meses: el mismo producto puede aparecer en ocho posts, 29 historias y un live.
También puede tratarse de un acuerdo anterior. Quizás el producto correspondía a una campaña o colaboración de semanas atrás y el evento fue solamente el punto de encuentro para entregarlo. Desde fuera vemos la bolsa; no siempre vemos la conversación ni el compromiso que existe detrás.
Este no fue mi caso. En el venue no recibí nada que no hubiera adquirido con mi dinero como clienta y no salí con compromisos de ninguna índole de publicar algo después de Days to Shine. Pero que no haya sido mi caso no quiere decir que no sea el de otras creadoras.
Las marcas no pueden olvidarse de cómo hacen sentir al público. Las entregas deben manejarse con sensibilidad y con respeto.
De igual forma, la fuerza de venta tiene que ser amable, ofrecer información correcta —sobre el precio, el uso, la aplicación y la comparación con los precios en otros puntos de venta— y tratar bien a todas las asistentes, compren o no compren en ese momento, sean o no influencers.
Propuestas concretas para las marcas
Aquí veo una solución sencilla para el tema de las entregas a creadoras: establecer un horario de retiro antes de abrir las puertas al público, al finalizar la jornada o en un espacio reservado fuera de la vista de las asistentes. No porque esté mal que una influencer reciba un producto, sino porque la forma en que se realiza la entrega también afecta la experiencia. Si una clienta está esperando, no recibió una muestra y ve varias bolsas entregándose frente a ella, es comprensible que se sienta desplazada, aunque detrás de esas entregas exista un acuerdo de trabajo.
Las marcas también podrían definir una experiencia distinta según el tipo de producto. Un perfume o una crema pueden probarse en el stand; un producto capilar podría acompañarse de una muestra con una cantidad realmente útil, un cupón para retirarla después en el día dos o una oferta de prueba en otro espacio. No todas las marcas tienen que regalar lo mismo, pero sí conviene que la consumidora entienda qué puede descubrir, probar o aprender allí.
Otra mejora sería comunicar con claridad los precios, las promociones, las cantidades disponibles y las condiciones de cada dinámica mediante un letrero visible. Si un regalo depende de una compra mínima, de un juego o de un inventario limitado, debe informarse antes de que se haga la fila. Eso reduce frustraciones y también protege a la fuerza de venta. Imaginen esos restaurantes de Cabarete que ponen el menú fuera del local para que los transeúntes miren la oferta y decidan si vale la pena esperar. Eso ayuda muchísimo también a las operaciones y logística del restaurante. Todos ganan.
Y antes del evento, cada marca debería decidir qué quiere obtener de su inversión: ventas, nuevos contactos, pruebas de producto, contenido, posicionamiento, relaciones con creadoras o vínculos con esas mujeres que no crean contenido de manera profesional, pero nos deleitan compartiendo fotos espectaculares y videos de su día a día. Esa definición ayuda a diseñar una activación que tenga sentido para la marca y que también deje algo útil a quien se acerca al stand.
Lo que Days to Shine hizo bien y vale la pena conservar
Al mismo tiempo, quiero reconocer lo que sí percibí este año. Sentí el aire acondicionado más fuerte en las áreas cerradas, vi más abanicos en el jardín y la circulación dentro del Garden Tent me pareció mejor que en años anteriores.
El venue es hermoso. El jardín, la vegetación y los distintos ambientes le dan una identidad tropical que no tendría en un centro de convenciones cerrado. Esa belleza no resuelve el calor, pero sí forma parte de lo que hace que Days to Shine se sienta especial y diferente.
También hay que reconocer la propuesta audiovisual, la música, la banda en vivo y el cuidado visual de muchos espacios. Todo eso ayuda a crear una experiencia alegre, femenina y dominicana. En mi caso, poder moverme entre un jardín bonito, áreas con ventilación, charlas y música hizo que el evento se sintiera como algo más que una feria de compras.
Habilitar cocteles y comida en el restaurante a un precio razonable —para mí— también fue algo que me alegró bastante, especialmente pensando en quienes querían quedarse allí durante todo el día.
Precisamente porque hay elementos que funcionan y me hicieron sentir bien, creo —y todo esto es una opinión personal— que hay que pensar cómo conservar esa identidad mientras se mejora la comodidad de una comunidad que ya alcanzó otra escala.
Lo que Days to Shine sí debe seguir mejorando
Entender los costos y las decisiones no significa excusar todo. Days to Shine es responsable de las áreas comunes y de las condiciones generales de la experiencia: circulación, señalización, seguridad, limpieza, descanso y distribución de los espacios.
Es válido preguntarnos si el venue se está quedando pequeño para la cantidad de personas que recibe. También es válido pedir más lugares para sentarse durante el día, sobre todo para quienes decidan que cinco horas no son suficientes para aprovechar todo lo que hay. Se pueden sumar más opciones de hidratación —gratuitas y de pago—, seguir mejorando la organización de las charlas y buscar soluciones adicionales para el calor. Incluso podrían vender ventiladores portátiles personales que dispensen agua, como los de Disney. Discúlpame, amiga, por la idea loca, pero es que los amo.
Todavía pueden explorarse reservas para las charlas, entradas por bloques, categorías con beneficios diferentes y una distribución más estratégica de los stands. Ninguna solución será perfecta: una reserva puede organizar el acceso, pero también dejar fuera a quien no vio el enlace; reducir el aforo puede mejorar la comodidad, pero limitar la cantidad de mujeres que participan.
Propuestas concretas para Days to Shine
Si yo me sentara a pensar en soluciones, comenzaría por diseñar la programación alrededor del clima. Después de validar con el hotel que sea posible, el evento podría abrir más temprano y concentrar las experiencias al aire libre en las primeras horas de la mañana. A partir de las 11:00 a. m., cuando aumenta el calor, las charlas, las demostraciones y las experiencias principales podrían trasladarse a áreas cerradas.
La banda y otras experiencias de entretenimiento también podrían trasladarse a un espacio cerrado durante la tarde. Así no se pierde la música, que es una de las cosas bonitas del evento, y al mismo tiempo se crea un lugar donde las asistentes puedan bajar revoluciones, refrescarse y continuar disfrutando.
La segunda propuesta sería probar entradas por bloques de mañana y tarde. En los medios se confirmó que la edición de 2025 reunió a más de 18,000 mujeres durante dos días. Si usamos esa cifra únicamente como referencia de escala, cuatro bloques repartirían un promedio teórico de unas 4,500 personas por sesión. Eso no significa que ese deba ser el aforo final: la capacidad real tendría que definirse junto con el hotel, tomando en cuenta los salones, las rutas de evacuación y la disposición de las marcas y participantes.
Ese modelo tendría que comunicarse con mucha claridad: qué horario incluye cada entrada, si permite el reingreso y cuáles actividades corresponden a cada bloque. También podría mantenerse una cantidad limitada de pases de día completo o una categoría con beneficios adicionales, siempre entendiendo que tendría otro precio.
Para las charlas, propondría un sistema mixto: una parte de los asientos podría reservarse con anticipación y otra estaría disponible por orden de llegada. Así se organizaría mejor el acceso sin depender por completo de que todas las asistentes vean un enlace o sepan manejar una plataforma. Una lista de espera permitiría liberar los espacios de quienes reservaron y no llegaron.
En el Garden Tent, los stands que generan filas largas podrían colocarse como puntos de atracción en distintas zonas, en lugar de concentrarse cerca de la entrada. Las filas para activaciones y testers deberían quedar separadas de los pasillos de circulación. No se trata solamente de poner menos gente, sino de distribuir mejor la que ya está allí.
También sumaría zonas de descanso claramente identificadas, con sombra, asientos e hidratación. No hace falta convertir todo el evento en un espacio cerrado; hace falta que quien necesite una pausa sepa dónde puede tomarla. Yo eliminaría la Sala de Despecho, que fue una novedad este año, y convertiría ese espacio en un salón VIP para motivar una mayor venta de este tipo de taquilla.
Finalmente, Days to Shine podría medir la experiencia por horario y por zona: cuáles filas fueron más largas, en qué momento se sintió más el calor, qué charlas excedieron su capacidad y dónde se detuvo la circulación. Una encuesta corta después de cada bloque daría información más precisa que una sola impresión general al terminar el fin de semana.
Con la comida ocurre algo parecido. Me encantaría encontrar más opciones rápidas o finger food, pero eso también genera vasos, servilletas y empaques. Al evento le corresponde colocar suficientes zafacones y mantener las áreas limpias; a nosotras nos corresponde utilizarlos y no dejar basura.
Autogestionarnos también forma parte de la experiencia
Yo soy extremadamente alérgica al calor, pero quería ir a Days to Shine. Probablemente debería vivir en el Polo Norte y no en esta isla. Por eso he reservado una habitación en el hotel durante los dos días del evento por tres años consecutivos. Así podía subir, refrescarme, descansar, cambiarme si me ensuciaba, guardar mis compras y regresar cuando me sintiera preparada. No estoy diciendo que todo el mundo tenga que pagar una habitación. Esa fue la solución que funcionó para mí y que estaba dentro de mis posibilidades. ¿Por qué te comparto esto? Porque yo tengo que responsabilizarme de mi bienestar.
Para mí, las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo: Days to Shine puede mejorar el manejo del calor y yo tengo que cuidar una condición que conozco. Pedir mejores condiciones no elimina mi responsabilidad personal, y responsabilizarme de mí no significa que el evento no tenga nada que mejorar.
También sabemos que una parte de la experiencia ocurre en un jardín. Vemos el verdor en el mapa que publicitan. Vivimos en un país tropical, donde puede hacer muchísimo calor y también puede llover en cualquier momento. Es mi responsabilidad elegir un calzado adecuado, hidratarme, protegerme del sol y reconocer cuánto tiempo puedo permanecer allí. También puedo elegir visitar cuando abre el evento, como hice hace dos años, tomarme el viernes libre para ir a comprar en paz. No todas pueden hacerlo, y no es eso lo que busco decir. Mi punto es que podemos buscarle la vuelta para acomodarnos nosotras mismas mientras disfrutamos de un evento que se realiza una sola vez al año.
Una queja puede ser un favor
Los comentarios escritos siempre pasan por los ojos de quien los lee. Una consumidora puede intentar señalar una oportunidad de mejora y la marca puede recibirla como un ataque. Una marca puede intentar explicar una decisión y la consumidora puede sentir que están invalidando su experiencia.
Un video puede tener una excelente intención, pero la forma en que fue creado y editado puede presentar algo que desvirtúe el mensaje que queremos dar.
Por eso intento mirar el fondo y no quedarme solamente con la forma. Sigo creyendo que una queja es un favor: puede mostrar algo que desde dentro no se estaba viendo y ayudar a construir una experiencia mejor.
Pero también tenemos que estar dispuestas a conversar sobre las consecuencias de las soluciones. Queremos menos personas, más aire acondicionado, asientos garantizados, acceso a todas las charlas y una bolsa llena de productos. Todo eso puede evaluarse, pero probablemente no puede ofrecerse con una entrada de RD$1,495.
Yo no quiero defender ciegamente a Days to Shine ni borrar las experiencias difíciles de otras mujeres, porque yo también la tuve difícil. Yo elegí mi difícil: asumir un gasto adicional en el hotel, exponerme al calor, empeorar la alergia y ahora seguir un protocolo para mejorarme. Pero… un gustazo, un trancazo y seguimos.
Quiero que el evento conserve lo que lo hace especial y, al mismo tiempo, siga evolucionando. Quiero que las marcas diseñen mejores experiencias y traten bien al público. Y quiero que nosotras podamos expresar lo que vivimos, gestionar nuestras expectativas y cuidar los espacios que compartimos.
Days to Shine puede mejorar. Las marcas pueden mejorar. Y nosotras también podemos mejorar.
Quizás la conversación más útil no sea decidir quién tiene toda la culpa, sino preguntarnos qué le corresponde a cada parte y qué tendría que cambiar para que el próximo año la experiencia sea mejor.
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